PSICOEDUCACIÓN PARA LA ANSIEDAD

La terapia cognitivo-conductual para el tratamiento del trastorno de pánico con o sin agorafobia, comienza con psicoeducación. Es importante que sepamos qué es la ansiedad y cuál es su valor adaptativo para aprender a manejarla.

PSICOEDUCACIÓN PARA LA ANSIEDAD

¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

La ansiedad es una reacción emocional ante situaciones que implican peligro para nuestra supervivencia. Es adaptativa, en cuanto a que nos prepara para enfrentarnos al peligro o para huir de él. Por ejemplo, si vemos acercarse a una persona que creemos que tiene intención de hacernos daño, nuestro organismo se activa ante esta situación de “emergencia”, bien para enfrentarnos a esa persona o bien para huir y ponernos a salvo.

¿CÓMO NOS PREPARA NUESTRO ORGANISMO?

Inicialmente a través de la activación del sistema nervioso simpático (SNS), que se encarga de movilizar los recursos de nuestro organismo para una acción inmediata e intensa. Y si la situación se alarga entra también en funcionamiento el sistema neuroendocrino que aumenta la producción de adrenalina y noradrenalina. Esta activación produce un aumento de la presión arterial, de la tasa cardíaca, tensión en los músculos esqueléticos, tasa de respiración, liberación de glucosa, etc. Cambios que a nuestros antepasados les resultaban muy útiles cuando tenían que enfrentarse a algún depredador. Y en la actualidad en situaciones de emergencia, como puede ser ver como un coche se acerca con riesgo de atropellarnos.

¿CUÁNDO DEJA DE SER ADAPTATIVA?

La mayoría de las amenazas a las que nos enfrentamos en el día a día son psicológicas, relacionadas con la economía, el amor, el rechazo social, etc.

 Y nuestro organismo responde de una forma muy parecida que en estos casos aunque no sea necesario, porque estas amenazas no requieren una respuesta inmediata.

Es entonces cuando la ansiedad deja de ser adaptativa y comienza a interferir en nuestras vidas limitándonos de alguna manera e impidiéndonos continuar con nuestra rutina.

¿EN QUÉ SE DIFERENCIAN ANSIEDAD Y ESTRÉS?

La ansiedad como hemos visto es una respuesta emocional a un estímulo (situación, pensamiento) y el estrés es un estado motivacional, provocado por una sobrecarga de situaciones que supera nuestros recursos.

 

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¿QUÉ ES LA RESILIENCIA?

Resiliencia

La resiliencia es un concepto psicológico que está en pleno apogeo. Por fin nos estamos dando cuenta de cuán importante es la adaptación a los cambios que van surgiendo en la vida y trabajamos en ello.

Resiliencia es la capacidad que tienen algunas personas de volver a sentirse bien después de una situación estresante o problemática. Es decir, pasan por esa situación, la superan y aprenden de ella, saliendo fortalecidos.

Cuando estudié este concepto en el máster me pusieron un ejemplo muy claro: una gomilla para sujetar el pelo. Esa goma la puedes estirar y darle vueltas alrededor de tu melena. Luego cuando te la quitas, vuelve a su estado original. A veces cuando la estiramos demasiado queda un poco más ancha de lo que estaba al principio, pero más a delante vuelve a su tamaño.

Existen personas que de manera natural son capaces de volver a su “estado original” pero a otras nos cuesta un poco más. La resiliencia se puede trabajar. La manera de enfrentarnos a los problemas es determinante para sobrellevarlos y aprender de ellos.

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TRASTORNO BIPOLAR: LA MONTAÑA RUSA DE LA MENTE

Trastorno bipolar: concepto, tipos y tratamiento

Nos encanta hablar de cualquier cosa, sepamos o no sobre el tema. Esto nos lleva a equivocarnos y cuando estamos equivocados sobre un trastorno psicológico, podemos actuar mal.

DEFINICIÓN

El trastorno bipolar es un conjunto de trastornos del ánimo que se caracteriza por fluctuaciones notorias en el humor, el pensamiento, el comportamiento, la energía y la capacidad de realizar actividades de la vida diaria.
El trastorno bipolar suele confundirse con simples cambios de humor pero va mucho más allá. Vamos a verlo de una forma sencilla:

Una persona sin trastorno bipolar tiene dos límites marcados en las fluctuaciones del estado de ánimo. Pongamos que de 0 a 10 se encuentran entre el 3 y el 7. Los cambios de humor que tiene, se encuentran siempre dentro de esos límites marcados y aunque puedan parecer intensos están dentro de la normalidad.
En cambio, una persona con trastorno bipolar supera esos límites, arriba y/o abajo, euforia (más de 7) o tristeza (menos de 3).


Esa es la diferencia fundamental entre el trastorno bipolar y los simples cambios de humor que nos pueden suceder a todos, ya sean debidos a causas internas o externas. Como por ejemplo: los cambios estacionales, el estrés, problemas leves o graves, efectos secundarios de alguna enfermedad, periodos vacacionales o acontecimientos puntuales…

IDENTIFICAR EL TRASTORNO BIPOLAR

Cuando se dan varios periodos depresivos  puede saltar la alarma de trastorno bipolar. Pero es más fácil de identificar cuando aparece un episodio maníaco.
Estas fases se caracterizan por excesos. Exceso de confianza, de autoestima, de energía, de charla… Un bienestar y energía tan intensos que se salen de lo habitual durante al menos una semana la mayor parte del día. Para el episodio hipomaníaco durante al menos 4 días durante la mayor parte del día. (Más sobre el episodio maníaco).

Vamos a ver los síntomas de estos episodios (maníacos e hipomaníacos) de los que deben darse al menos 3:

  • Sentimientos de grandeza o aumento de la autoestima.
  • Disminución de la necesidad de dormir (pueden ser suficientes sólo tres horas).
  • Aumento de la conversación o verborrea.
  • Sensación de que los pensamientos van rápido saltando de una idea a otra (fuga de ideas)
  • Se distrae con estímulos irrelevantes.
  • Aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación psicomotora, no dirigida a un propósito.
  • Participación en actividades que pueden causar problemas (excesivas compras, azar, sexuales o inversiones económicas imprudentes).

En el episodio maníaco los síntomas causan un importante deterioro social y suele requerir hospitalización. En el hipomaníaco no causa una alteración importante y no requiere hospitalización.

Para el episodio depresivo se deben presentar 5 o más de los siguientes síntomas durante al menos 2 semanas:

  • Estado de ánimo deprimido casi todos los días durante la mayor parte del día.
  • Disminución del placer o de interés en casi todas las actividades durante la mayor parte del día, casi todos los días.
  • Aumento o disminución del apetito casi todos los días.
  • Aumento (hipersomnia) o disminución (insomnio) de las horas de sueño casi todos los días.
  • Agitación o enlentecimiento psicomotor (observable) casi todos los días.
  • Pérdida de energía casi todos los días.
  • Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva casi todos los días.
  • Dificultad para concentrarse, pensar o tomar decisiones casi todos los días.
  • Pensamiento recurrente de muerte o suicidio.

CLASIFICACIÓN

Tipo I. El sujeto experimenta uno o más episodios maníacos. No son necesarios episodios depresivos para el diagnóstico, aunque suelen aparecer.

Tipo II. Episodios de depresión mayor y al menos un episodio hipomaníaco. Los episodios hipomaníacos son más difíciles de identificar porque pueden confundirse con un periodo más activo del sujeto.

No especificado. Cuando los síntomas no encajan en el tipo I o el tipo II. El trastorno bipolar no especificado desaparece en el nuevo manual diagnóstico DSM-V.

Ciclotimia. Se presentan numerosos episodios de hipomanía y depresión pero no depresión mayor. Son ciclos más rápidos que los de tipo I y II.

Los síntomas tanto de los episodios maníacos o hipomaníacos, como del depresivo o depresivo mayor, no pueden explicarse por efectos de alguna sustancia (drogas, medicación…), enfermedad o cambio significativo en la vida del sujeto (muerte de un familiar, divorcio, problemas económicos graves…)

TRATAMIENTO

En el trastorno bipolar es recomendable la medicación además de la terapia cognitivo-conductual para la adherencia al tratamiento y el desarrollo de habilidades que permitan identificar episodios y sobrellevarlos. Así como psicoeducación para el propio  paciente y su entorno, y una red de apoyo.

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Orientaciones para no caer en los errores cognitivos

ERRORES COGNITIVOS: ¿POR QUÉ NOS PERJUDICAN?

¿Por qué nos perjudican los errores cognitivos? ¿Qué está mal en ellos? ¿Qué podemos hacer cuando los identificamos?

  • Conclusiones precipitadas o inferencia arbitraria: No saques conclusiones sin tener datos suficientes y si aun así tienes dudas… ¡pregunta!
    1. Lectura del pensamiento: Cuidado porque podemos adaptar nuestra conducta a lo que hemos imaginado que piensan los demás y por tanto crear una situación conflictiva. Evita las suposiciones.
    2. Error del adivino: Si te adelantas al futuro influirás en él, por eso cuando crees que algo saldrá mal, además de sentirte deprimido y frustrado, inevitablemente harás cosas que lleven a que de verdad salga mal.
  • Sobregeneralización: Es muy sencillo desmontar este pensamiento, sólo hay que pararse a pensar si realmente “siempre-nunca” ha sucedido lo que hemos generalizado. Uno de los ejemplos era “siempre haces lo mismo”, ¿siempre? ¿estás seguro? ¡Es tremendamente difícil hacer siempre lo mismo! Alguna vez habrá hecho otra cosa ¿no?
  • Exageración o catastrofismo: Tanto en la exageración cómo en la minimización el problema está en cómo vemos y describimos los acontecimientos. Lo que vemos como un desastre ni es tan malo ni suele tener consecuencias tan catastróficas como pensamos en ese momento ¿qué probabilidad hay? y si algo malo sucediera podríamos enfrentarnos a lo que surja, no es el fin del mundo.
  • Minimización: Como hemos visto hace un momento ni lo malo es tan malo ni es beneficioso restar valor a lo bueno, ya que los pequeños logros serán el motor de nuestra motivación para grandes cambios y consecuencias positivas. Prémiate por tus logros.
  • Filtro mental o abstracción selectiva: Cuando estamos tristes o deprimidos tendemos a recoger la información negativa del ambiente por lo que el porcentaje de cosas negativas es desorbitado y pensamos que todo o casi todo lo es. Párate a pensar si estás pasando por un mal momento que te haga filtrar sólo ciertas cosas.
  • Razonamiento dicotómico (todo o nada): La vida no es completamente blanca o negra. Si pensamos de esta manera nunca estaremos satisfechos por tener unas expectativas poco reales. Observa a la gente por la calle ¿son guapísimos o feísimos? ¿brillantes o tontos?
  • Personalización: No tenemos el control absoluto sobre las situaciones y mucho menos sobre las personas. Confundimos la influencia con el control. Este pensamiento nos puede jugar muy malas pasadas ya que nos lleva a un exceso de responsabilidad. Existen otros factores que influyen en los acontecimientos, tenlos en cuenta.
  • Razonamiento emocional: Este pensamiento interviene en gran medida es las depresiones porque cuando estamos deprimidos las cosas no nos producen emociones positivas, por lo tanto suponemos que algo es desagradable porque nos provoca una emoción desagradable. Echa la vista atrás y verás cómo esa situación no siempre te ha provocado emociones negativas.
  • Imperativos categóricos: Cuando es otro el que “debería” y no lo hace, nos sentimos frustrados y enfadados. Cuando somos nosotros nos sentimos culpables y avergonzados. Recordemos que no tenemos el control del comportamiento de las otras personas y seamos flexibles en el cumplimiento o incumplimiento de unas normas autoimpuestas. Somos humanos y el ser humano no es perfecto. Es bueno permitirnos equivocaciones.
  • Etiquetación: Poner etiquetas significa describir a una persona de forma inexacta y con una gran carga emocional. Cuando nos ponemos etiquetas negativas generamos hostilidad, resentimiento, ira… Cometemos errores pero no somos nuestros errores.

 

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5 CONSEJOS PARA UNA MATERNIDAD FELIZ

5 CONSEJOS PARA UNA MATERNIDAD FELIZ

La maternidad es maravillosa pero requiere toda tu dedicación y puede dejarte exhausta. Además, un cambio de vida tan brusco no es fácil de asimilar y a muchas personas les supera. Por eso se me ha ocurrido dejarte unos consejos que pueden hacértela más llevadera ¿empezamos?

  1. Comparte responsabilidades desde el principio.

Las mamás tenemos la mala costumbre de ocuparnos de todo lo relacionado con el bebé. A veces porque el padre no se implica lo suficiente y no nos queda otro remedio. Otras porque nosotras mismas lo frenamos pensando que él no va a saber hacerlo o que no lo va a hacer igual de bien. Entonces cuando llega el momento en el que necesitamos un descanso, nos quejamos de que nuestra pareja no hace lo suficiente.

Debemos tener en cuenta que al principio los dos somos novatos, por lo tanto los dos tenemos que aprender  a identificar las necesidades del bebé y a satisfacerlas. Colaborar en el aprendizaje de tu pareja para calmar, cambiar el pañal o bañar al bebé, no sólo va a reducir tu carga de trabajo, sino que te va a proporcionar la tranquilidad necesaria en el caso de que tengas que salir sola o volver al trabajo.

  1. Aprende a identificar las necesidades de tu hijo.

Cada bebé es distinto. Algunos son más inquietos y otros más tranquilos. Unos son más dormilones y otros prefieren estar más tiempo en vigilia. Sea como fuere hay algunas señales que caracterizan las necesidades del tuyo y si aprendes cuales son te vas a ahorrar los nervios de no saber qué le pasa.

En líneas generales sabemos (porque nos lo han explicado en las clases de educación maternal o nos lo han contado amigos y familiares) que cuando el bebé se lleva las manos a la boca o la tiene abierta mientras mueve su cabeza “buscando”, es porque tiene hambre. O que cuando comienza a bostezar es porque tiene sueño. Pero otras veces se nos escapan o no caemos, por ejemplo en el caso de la sobreestimulación, el aburrimiento o una temperatura incómoda para ellos. En estos casos observa, comprueba, y descarta posibles causas haciéndote preguntas que te puedan dar pistas: ¿ha cambiado algo en su rutina? ¿Lleva mucho tiempo en el mismo sitio? ¿Ha hecho caca hoy? ¿Hemos tenido muchas visitas en casa? ¿Hay síntomas de enfermedad como mocos o tos? Etc.

En unas semanas te harás una experta identificando las señales propias de tu bebé.

  1. Busca un grupo de apoyo.

Un grupo de apoyo de personas que están pasando por lo mismo que tu puede ser de gran ayuda, porque son quienes mejor van a comprender tus sentimientos en estos momentos. Pueden escucharte si necesitas desahogarte y te tranquilizará saber que algunas tienen las mismas dudas o inquietudes que tú. Te sentirás acompañada y verás que algunas emociones que sientes ahora son más comunes de lo que crees.

Si no tienes amigas o familiares en tu misma situación, existen grupos de lactancia, de crianza, foros, reuniones posparto y actividades relacionadas con bebés, donde puedes conocer a otras madres recientes.

  1. Mantente informada.

Tienes unos meses para informarte de todo lo relacionado con las primeras semanas del bebé. Lee algunos libros, ve a charlas y pregunta a tu matrona todas tus dudas.

No descartes algunos métodos por lo que has oído sin antes informarte. Elige la forma de crianza que creas mejor o toma unos cuantos consejos de cada una. No trates de agradar a todo el que te da un consejo, porque te van a dar miles de ellos contradictorios, y sin que tú los hayas pedido. Lo más importante es que tú te sientas cómoda con tu manera de hacer las cosas y que las necesidades del bebé estén cubiertas.

  1. Busca tiempo para ti.

Los cuidadores tienen que cuidarse para poder cuidar a otros. Busca algunos momentos para ti, para cuidarte o hacer algo que te guste.

Esto puede parecerte imposible pero se puede, se van rascando ratitos de descanso. Y no olvides pedir ayuda si fuera necesario.

Espero que estos consejos te sirvan igual que me han servido a mí. Y si tienes algunos de tu cosecha no olvides compartirlos en los comentarios.

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ATRIBUCIÓN ¿CÓMO EXPLICAMOS LO QUE HACEMOS?

EL PROCESO ATRIBUTIVO

Qué es la atribución

La atribución es la explicación a lo que causa nuestra conducta y la de los demás.

Cuándo buscamos explicaciones

Normalmente no nos pasamos la vida tratando de buscar explicación a cada conducta que observamos. Sin embargo hay algunas situaciones en las que es más probable que se produzcan atribuciones. Por ejemplo, cuando esperamos que alguien se comporte de una manera distinta a la que lo está haciendo. Cuando fallamos en algo o no conseguimos nuestros objetivos. Y, ante acontecimientos negativos, como una enfermedad o una catástrofe.

En general buscamos más explicaciones a lo que percibimos como negativo que a lo positivo o a nuestros propios éxitos. Y lo hacemos porque intentamos comprender, controlar y predecir los acontecimientos que nos interesan.

En qué nos basamos para explicar un acontecimiento

Existen 3 dimensiones en las que nos basamos para explicar una conducta: el locus de control, la estabilidad y la controlabilidad.

Como vimos en una entrada anterior (locus de control), podemos atribuir los resultados de los acontecimientos a causas internas (personales) o externas (ambientales). Las causas internas o fuerzas personales son según Heider, el esfuerzo – intención y la capacidad; y las causas externas o fuerzas ambientales son la dificultad de la tarea y la suerte o azar. Por ejemplo si ganamos una carrera podemos pensar que se debe a que nos hemos esforzado mucho entrenando (causa interna) o a que la carrera era muy fácil (causa externa).

En la dimensión estabilidad, explicamos la conducta según se deba a factores estables  o inestables. Por ejemplo si hemos tenido un accidente de coche puede ser porque nos distraemos con facilidad (estable) o porque ese día no habíamos dormido lo suficiente (inestable).

Por último, podemos explicar el hecho según creemos que lo podemos controlar o no. Por ejemplo si nos caemos de la bicicleta puede ser porque no sabemos montar bien (controlable porque se puede practicar) o porque hacía mucho viento (incontrolable).

Las causas internas, inestables y controlables nos producen más sensación de control porque dependen de nosotros. Estas atribuciones fortalecen nuestra autoestima, seguridad y confianza. En cambio las atribuciones externas, estables e incontrolables nos generan incertidumbre y falta de control de la situación.

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Escribir como terapia

 

Escribir como terapia

 

 

 

 

Una vez alguien me dijo que escribiera.

¿Por qué escribir?

Cuando estás deprimido y no ves la luz, cuesta trabajo hablar. Hablar de casi todo, pero de lo que te está pasando en esos momentos, más.  Es tan tan personal lo que pasa por tu cabeza que no sabes ni por dónde empezar. Y eso si encuentras a alguien que te genere confianza suficiente como para abrirte.

Para eso están los psicólogos. Nada de lo que les cuentes les va a sorprender tanto como crees. Nuestra cabeza tiene mucha basura (pensamientos negativos, remordimientos, culpas, miedos…) acumulada, pero eso ya lo han visto antes de alguna forma similar. Están preparados para escucharte, entenderte, ayudarte y NUNCA juzgarte.

Pero cabe la posibilidad de que en el momento que más falta te hace, el psicólogo no esté disponible. Siempre es positivo desahogarse y por eso y como terapia te recomiendo que escribas.

Una buena recomendación

Como decía al principio, una vez alguien me dijo que escribiera. Una vez, cuando me sentía tan mal y tan incomprendida que pensaba que nadie me podía ayudar, empecé a escribir lo que iba pasando por mi cabeza. Mientras escribía pensaba:

“La persona que más me puede ayudar es la misma que escribe. No hay nadie que conozca tan bien mis secretos, mis pensamientos, mis inquietudes, mis miedos. Empiezo a notarlo. El corazón va aflojando el ritmo a la vez que el texto aumenta. Voy llegando a la calma. Y aún ni siquiera he empezado a hablar, o mejor dicho, a escribir de lo que me preocupa. Escribir es increíble. Empieza a gustarme más que hablar. Salen otras palabras y tiene otro ritmo. Me vienen ya pensamientos positivos. Palabras que relaciono con otras que traen recuerdos agradables. Escribo por y para mí, porque esto me ayuda.”

Escribir me ayudó en aquella ocasión y desde entonces lo hago cuando es necesario. Y funciona.

¿Yo también puedo hacerlo?

Escribir es terapia. Para mí lo es y estoy segura de que hay muchos que  opinan igual que yo. Y me refiero a escribir y punto. Ya sea libro, artículo de opinión, una carta o una hoja sucia con un montón de frases que van saliendo casi sin querer.

En aquella ocasión lo utilicé para desahogarme y volver a la calma, pero en general escribir es genial para muchas cosas. Pruébalo.

¿Qué más da si a alguien no le gusta? ¿Qué más me da si no le gusta a nadie? Es para ti.

Escribir es para todos. Tengas o no la formación específica. Tengas o no faltas de ortografía. Buena o mala letra. Uses palabras exquisitas o las más vulgares.

Escribe en tu ordenador, en tu tableta, en una libreta, en tu móvil o donde quieras. Es igual de efectivo.

¿Por qué ayuda escribir?

Si lo pruebas verás cómo te ayuda. Notarás que los problemas que escribes disminuyen de tamaño hasta ser una palabra muy pequeñita en un mar de letras.

Lo verás de otro modo. Quizás menos importante de lo que parecía. A lo mejor ahora te ves capaz de solucionarlo o gestionarlo.

Notarás como tu ansiedad disminuye. Cómo tus nervios se reducen. Empezarás a ver las cosas desde otra perspectiva más clara, más objetiva.

Una vez que lo has escrito ya lo has echado fuera de alguna manera. Si antes no se lo habías contado a nadie, al escribirlo ya hay una constancia. Has identificado el problema, que es el primer paso para ponerle solución.

Hazme caso. Escribe.

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Cómo superar una recaída

 Cómo superar una recaída

El proceso de planificación de nuevos objetivos

A lo largo de nuestra vida nos marcaremos numerosos objetivos. Algunos relacionados con la salud física, como adelgazar o comer más sano. Otros de orden y organización, como mantener nuestras cosas cada una en su lugar, el coche limpio, tener los documentos organizados o (y esto le pasa a miles de estudiantes) llevar el estudio y los apuntes al día. Puede que relacionados con adicciones, como dejar de fumar o comprar sólo lo que necesitamos y no de forma compulsiva. Incluso escribir en nuestro diario.

Cuando nos macamos un objetivo lo primero que hacemos es planificar cómo lo vamos a hacer. Y nos ponemos a pensar en ello. Tenemos en cuenta los horarios, los costes y los materiales o utensilios que vamos a necesitar. Por ejemplo carpetas para los documentos, ropa deportiva para salir a correr, chicles y parches de nicotina para dejar de fumar…

Le damos cien vueltas al asunto. Lo planeamos con muchas ganas y con mucha voluntad de cumplirlo. Pero se nos suele olvidar una de las cosas más importantes: las recaídas.

Las recaídas son parte del proceso

En cualquier intento de hacer o algún cambio o introducir un nuevo hábito hay que tener en cuenta las recaídas porque pueden ser el motivo de que desistamos y abandonemos.

Suele pasar que después de una semana empezar una nueva rutina, un día no lo hacemos porque estamos cansados o porque no nos apetece o porque “ya lo haremos mañana”. Pero eso no es más que el comienzo del fin de ese objetivo que con tanta ilusión habíamos planeado.

Hay que tener muy en cuenta las recaídas. Podemos fallar, y eso no nos hace menos fuerte ni nos debe avergonzar. Simplemente hay que levantarse y continuar. Si lo cogemos por donde lo habíamos dejado antes de tropezar, todavía tendremos oportunidad de seguir adelante.

recaída

No cometas el error de volver al principio porque se hace más duro. En las dietas por ejemplo un fin de semana puede ser crucial. Empezamos bien el lunes y seguimos toda la semana hasta que el viernes por la noche nos la saltamos. Y en vez de seguir con nuestro plan el sábado, lo que hacemos es aprovechar el fin de semana para terminar de comer todo lo que nos apetece pensando que el lunes siguiente vamos a ser fuertes y vamos a empezar de cero ¡con el trabajo que costó el primer día! Al final recuperamos lo perdido y un poco más.

Si estás planeando algo en estos momentos, ya sabes que además de cómo vas a ir haciéndolo, tienes que tener un plan para las recaídas en los malos hábitos. Y el mejor plan suele ser darte cuenta del fallo, perdonarte el error y continuar por donde lo dejaste.

Las recaídas pueden indicar objetivos desproporcionados

Si tienes muchas recaídas puede ser que te hayas puesto objetivos muy duros. Revísalos y empieza paso a paso modificando y añadiendo hábitos y tareas sencillas que más adelante te lleven de forma natural y más sencilla a ese objetivo tan difícil.

Así que ya sabes, la mejor manera de superar una recaída es tenerla en cuenta antes de empezar y estar preparado.

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Ken Robinson – Las escuelas matan la creatividad

Vivimos en una sociedad con una oferta de formación muy amplia, pero ¿es la adecuada?

Pensemos en los cambios en los últimos 10-15 años. Redes sociales, comunicaciones rápidas, venta online… Esto por supuesto ha generado trabajos impensables hace 20 años. Entonces… ¿estamos preparando bien a los estudiantes en las escuelas?

Y por otra parte. A ser tan diferentes unos de otros ¿hacemos bien en educar a todos de la misma manera enseñándoles las mismas materias de la misma manera?

En el siguiente video, Ken Robinson hace una estupenda reflexión sobre cómo las escuelas tal y como están ahora pueden frenar la creatividad de algunos alumnos.

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Crítica, rencor y envidia ¡cuidado!

Crítica, rencor y envidia ¡cuidado!

Crítica

“Mira por ahí va esa, ¡qué pintas lleva!”, dice una a miga a la otra. “Verdad, menuda pinta con esa ropa”, le contesta la otra. Y empieza un intercambio de críticas que suele durar hasta que se cambia de víctima.

Esta situación se da muy frecuentemente y nos parece de lo más normal. No nos damos cuenta del daño que hace al que critica, al que escucha y al que es criticado si se llega a enterar.

Las malas palabras generan sentimientos negativos. Hablar mal de otra persona por el gusto de criticar denota un punto de envidia e inseguridad que puede ser dañino para nosotros.

Si te fijas las personas con autoestima elevada y por lo tanto seguridad en sí mismas, no suelen hablar mal de los demás. No les hace falta. Están centradas en ser felices o intentarlo, sin pasar por encima de nadie.

Envidia

La envidia es un sentimiento muy perjudicial porque nos hace desear algo que tiene otro y desvalorar lo que tenemos nosotros. Cuando además vemos que no conseguimos lo mismo que la persona envidiada comenzamos a sentir rencor y resentimiento., Nos sentimos mal, le deseamos el mal y nos enoja que logre cosas, que le vaya bien en algo o incluso que le quede bien una camisa.

Rencor

Mientras sentimos rencor somos incapaces de ser plenamente felices. Es más, el rencor, la ira,  son sentimientos que suele causar enfermedades psicosomáticas. Por eso cuanto más lejos mejor.

Cómo evitarlos

Deja a los demás vivir su vida si no hacen daño a nadie y no seas tú mismo el que se daña. Habla de cosas positivas. Deja de centrarte en lo negativo y en los problemas que eso ya viene solo y no los llames tú.

Sé amable, sé tolerante, sé comprensivo y empático. Juzgar no trae nada positivo.

Podemos elegir lo que hacemos nosotros así que si eres tú el juzgado por otro, no dejes que eso te influya. No dejes de ser tú. Conserva tu esencia siempre porque no hay nadie igual. Quiérete y haz lo que te gusta mientras no perjudiques a nadie. Ponte lo que quieras sin pensar en qué dirán otros cuando te vean porque no se puede gustar a todos.

Si nos respetáramos un poco y dejásemos de lado las críticas, la envidia y el rencor, viviríamos en un mundo mejor.

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